Smart señala que "a través de la historia
encontramos que las religiones por lo general incorporan un código
de ética" (The Religious Experience of Mankind, tercera edición,
pág. 9). En el budismo, por ejemplo, se enseña que se deben
controlar las acciones con los Cinco Preceptos: abstenerse de matar, robar,
mentir, realizar actos sexuales ilícitos y consumir tóxicos.
El judaísmo tiene la Tora (la ley) que contenía no sólo
los Diez Mandamientos, sino muchos otros preceptos morales y rituales.
Asimismo, el islamismo tiene la Sharia (la ley) que prescribe diversas
obligaciones morales y rituales. En el cristianismo, Jesús resumió
sus enseñanzas éticas en el mandamiento "amarás a
tu prójimo como a ti mismo". Cuando menos en cierta medida, la dimensión
ética de una religión puede relacionarse con partes de las
dimensiones doctrinal y mítica. Por ejemplo, el mandato de Buda
de abstenerse de consumir tóxicos concuerda con su percepción
de que dichas sustancias obstruyen el conocimiento de sí mismo.
Las enseñanzas cristianas de amar al prójimo concuerdan con
las narrativas de la propia conducta de Cristo y con la doctrina de que
Dios es amor. Y los estrictos preceptos morales en la Sharia concuerdan
con las enseñanzas islámicas de que al final toda la gente
quedará sujeta al juicio de Dios.